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lunes, 14 de junio de 2010

La luna roja

Había una vez un pequeño planeta muy triste y gris. Sus habitantes no lo habían cuidado, y aunque tenían todos los inventos y naves espaciales del mundo, habían tirado tantas basuras y suciedad en el campo, que lo contaminaron todo, y ya no quedaban ni plantas ni animales.
Un día, caminando por su planeta, un niño encontró una pequeña flor roja en una cueva. Estaba muy enferma, a punto de morir, así que con mucho cuidado la recogió con su tierra y empezó a buscar un lugar donde pudiera cuidarla. Buscó y buscó por todo el planeta, pero estaba tan contaminado que no podría sobrevivir en ningún lugar. Entonces miró al cielo y vio la luna, y pensó que aquel sería un buen lugar para cuidar la planta.

Así que el niño se puso su traje de astronauta, subió a una nave espacial, y huyó con la planta hasta la luna. Lejos de tanta suciedad, la flor creció con los cuidados del niño, que la visitaba todos los días. Y tanto y tan bien la cuidó, que poco después germinaron más flores, y esas flores dieron lugar a otras, y en poco tiempo la luna entera estaba cubierta de flores.

Por eso de cuando en cuando, cuando las flores del niño se abren, durante algunos minutos la luna se tiñe de un rojo suave, y así nos recuerda que si no cuidamos la Tierra, llegará un día en que sólo haya flores en la luna.

lunes, 7 de junio de 2010

La báscula de las cosquillas

Cierto día en la selva apareció una báscula, de esas que se utilizan para medir el peso. Los animales jugaron con ella durante algún tiempo, hasta que un papagayo que había escapado de un zoológico les explicó cómo funcionaba, y todos por turno fueron pesándose. Al principio todo era un juego, cada animal veía cuánto engordaba o adelgazaba cada día, pero pronto muchos comenzaron a obsesionarse con su peso, y cada mañana lo primero que hacían era correr a la báscula, pesarse, y poner muy mala cara el resto del día, porque marcara lo que marcara la balanza, siempre pesaban lo mismo: "más de lo que querían".

Según pasaron los meses la báscula comenzó a sufrir las iras de los animales, que le regalaban pataditas y malas miradas cada día, hasta que un día decidió que a la mañana siguiente las cosas cambiarían.

Aquella mañana la primera en correr a pesarse fue la cebra. Pero en cuanto se subió a la báscula, ésta comenzó a hacerle cosquillas en sus pezuñas descalzas. Pronto encontró el punto justo, y la cebra no dejó de reir a carcajadas. Aquello le pareció tan divertido, que ese día ni se preoucupó de su peso, y se marchó alegremente a tomar su desayuno por primera vez en mucho tiempo. Lo mismo ocurrió con cuantos fueron a pesarse ese día, y el siguiente, y el siguiente... de forma que en poco tiempo nadie estaba ya preocupado por su peso, sino por comentar lo divertidas y simpáticas que eran aquella balanza y sus cosquillas.

Con los meses y los años, la báscula dejó de marcar el peso para marcar el buen humor y el optimismo, y todos descubrieron con alegría que esa era una forma mucho mejor de medir la belleza y el valor de las personas, de modo que en aquella selva nunca más hubo nadie preocupado por aquella medida anticuada y pasada de moda que llamaban kilo.

Pedro Pablo Sacristán

lunes, 31 de mayo de 2010

La extraña pajarería

El señor Pajarian era un hombrecillo de cara simpática y sonriente que tenía una tienda de pajaritos. Era una pajarería muy especial, en la que todas las aves caminaban sueltas por cualquier lado sin escaparse, y los niños disfrutaban sus colores y sus cantos.
Tratando de saber cómo lo conseguía, el pequeño Nico se ocultó un día en una esquina de la tienda. Estuvo escondido hasta la hora del cierre, y luego siguió al pajarero hasta la trastienda.

Allí pudo ver cientos de huevos agrupados en pequeñas jaulas, cuidadosamente conservados. El señor Pajarian llegó hasta un grupito en el que los huevecillos comenzaban a moverse; no tardaron en abrirse, y de cada uno de ellos surgió un precioso ruiseñor.

Fue algo emocionante, Nico estaba como hechizado, pero entonces oyó la voz del señor Pajarian. Hablaba con cierto enfado y desprecio, y lo hacía dirigiéndose a los recién nacidos: "¡Ay, miserables pollos cantores... ni siquiera volar sabéis, menos mal que algo cantaréis aquí en la tienda!"- Repitió lo mismo muchas veces. Y al terminar, tomó los ruiseñores y los introdujo en una jaula estrecha y alargada, en la que sólo podían moverse hacia adelante.
A continuación, sacó un grupito de petirrojos de una de sus jaulas alargadas. Los petirrojos, más creciditos, estaban en edad de echar a volar, y en cuanto se vieron libres, se pusieron a intentarlo. Sin embargo, el señor Pajarian había colocado un cristal suspendido a pocos centímetros de sus cabecitas, y todos los que pretendían volar se golpeaban en la cabeza y caían sobre la mesa. "¿Veis los que os dije?" -repetía- " sólo sois unos pobres pollos que no pueden volar. Mejor será que os dediquéis a cantar"...

El mismo trato se repitió de jaula en jaula, de pajarito en pajarito, hasta llegar a los mayores. El pajarero ni siquiera tuvo que hablarles: en su mirada triste y su andar torpe se notaba que estaban convencidos de no ser más que pollos cantores. Nico dejó escapar una lagrimita pensando en todas las veces que había disfrutado visitando la pajarería. Y se quedó allí escondido, esperando que el señor Pajarian se marchara.

Esa noche, Nico no dejó de animar a los pajaritos. "¡Claro que podéis volar! ¡Sois pájaros! ¡ Y sois estupendos! ", decía una y otra vez. Pero sólo recibió miradas tristes y resignadas, y algún que otro bello canto.


Nico no se dio por vencido, y la noche siguiente, y muchas otras más, volvió a esconderse para animar el espíritu de aquellos pobre pajarillos. Les hablaba, les cantaba, les silbaba, y les enseñaba innumerables libros y dibujos de pájaros voladores "¡Ánimo, pequeños, seguro que podéis! ¡Nunca habéis sido pollos torpes!", seguía diciendo.

Finalmente, mirando una de aquellas láminas, un pequeño canario se convenció de que él no podía ser un pollo. Y tras unos pocos intentos, consiguió levantar el vuelo... ¡Aquella misma noche, cientos de pájaros se animaron a volar por vez primera! Y a la mañana siguiente, la tienda se convirtió en un caos de plumas y cantos alegres que duró tan sólo unos minutos: los que tardaron los pajarillos en escapar de allí.

Cuentan que después de aquello, a menudo podía verse a Nico rodeado de pájaros, y que sus agradecidos amiguitos nunca dejaron de acudir a animarle con sus alegres cantos cada vez que el niño se sintió triste o desgraciado.

lunes, 24 de mayo de 2010

El deductivo señor Tábano

El señor Tábano era el nuevo responsable de la oficina de correos de la pradera. Le había costado mucho obtener aquel trabajo tan respetado viniendo desde otro jardín, y según él, lo había conseguido gracias a sus grandes dotes deductivas. Y aquel primer día de trabajo, en cuanto vio aparecer por la puerta a don escarabajo, la señora araña , la joven mantis y el saltamontes, ni siquiera les dejó abrir la boca:

- No me lo digan, no me lo digan. Seguro que puedo deducir cada uno de los objetos que han venido a buscar- dijo mientras ponía sobre le mostrador un libro, una colchoneta, una lima de uñas y unas gafas protectoras.

- La lima de uñas será para doña Araña, sin duda. De tanto arañar tendrá que arreglarse las uñas.


- La colchoneta, -prosiguió aún sin dejarles reaccionar- sin pensarlo se la entrego al señor saltamontes, pues debe entrenar sus saltos muy duramente para mantenerse en forma. Las gafas tienen que ser para el escarabajo, todo el día con la cara tan cerca del suelo obliga a protegerse los ojos. Seguiremos con este gran libro, que seguro es una Biblia; tendré que entregárselo a la joven mantis religiosa, a la que pido que me incluya en sus oraciones. Como verán...

No le dejaron concluir. Lo de la mantis, conocida en la pradera por haber renunciado a su apellido de religiosa, fue demasiado para todos, que estallaron a reír en carcajadas...

- Menudo detective está hecho usted - dijo el saltamontes entre risas-. Para empezar, doña araña viene por el libro, ella es muy tranquila, y por supuesto que no araña a nadie. La colchoneta es para el señor escarabajo, que gusta de tumbarse al sol todos los días en su piscina, ¡y lo hace boca arriba!... nuestra coqueta la mantis, por suspuesto, quiere la lima de uñas, y al contrario que doña araña, no tiene nada de religiosa. Y las gafas protectoras son para mí, que como ya no veo muy bien me doy buenos golpes cuando salto por los montes...

- Ajá,- interrumpió el tábano, recuperándose un poco de la vergüenza- ¡luego usted sí salta montes!


- Yo sí -respondió el saltamontes-, pero como verá, guiarse por sus prejuicios sobre la gente para hacer sus deducciones provoca más fallos que aciertos...

Cuánta razón tenía. Sólo unos días más tarde, tras conocer en persona a los insectos del lugar, el propio señor Tábano se reía bien fuerte cuando contaba aquella historia de sus deducciones, hechas a partir de sus prejuicios antes incluso de conocer a nadie. Y comprendió que juzgar algo sin conocerlo es cosa de necios.

lunes, 17 de mayo de 2010

Cuento, tintero y pluma

En una pequeña ciudad hubo una vez un cuento vacío. Tenía un aspecto excelente, y una decoración impresionante, pero todas sus hojas estaban en blanco. Niños y mayores lo miraban con ilusión, pero al descubrir que no guardaba historia alguna, lo abandonaban en cualquier lugar.

No muy lejos de allí, un precioso tintero seguía lleno de tinta desde que hacía ya años su dueño lo dejara olvidado en una esquina. Tintero y cuento lamentaban su mala suerte, y en eso gastaban sus días.

Quiso el azar que una de las veces que el cuento fue abandonado, acabara junto al tintero. Ambos compartieron sus desgracias durante días y días, y así hubieran seguido años, de no haber caido a su lado una elegante pluma de cisne, que en un descuido se había soltado en pleno vuelo. Aquella era la primera vez que la pluma se sentía sola y abandonada, y lloró profundamente, acompañada por el cuento y el tintero, que se sumaron a sus quejas con la facilidad de quien llevaba años lamentándose día tras día.

Pero al contrario que sus compañeros, la pluma se cansó enseguida de llorar, y quiso cambiar la situación. Al dejar sus quejas y secarse las lágrimas, vio claramente cómo los tres podían hacer juntos mucho más que sufrir juntos, y convenció a sus amigos para escribir una historia. El cuento puso sus mejores hojas, la tinta no se derramó ni un poco, y la pluma puso montones de ingenio y caligrafía para conseguir una preciosa historia de tres amigos que se ayudaban para mejorar sus vidas.

Un joven maestro que pasaba por allí triste y cabizbajo, pensando cómo conseguir la atención de sus alumnos, descubrió el cuento y sus amigos. Al leerlo, quedó encantado con aquella historia, y recogiendo a los tres artistas, siguió su camino a la escuela. Allí contó la historia a sus alumnos, y todos se mostraron atentos y encantados.

Desde entonces, cada noche, pluma, tintero y cuento se unían para escribir una nueva historia para el joven profesor, y se sentían orgullosos y alegres de haber sabido cambiar su suerte gracias a su esfuerzo y colaboración.

MANIFIESTO CONTRA EL SILENCIO SOBRE EL ABUSO SEXUAL INFANTIL

Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia y sus derechos iguales e inalienables constituye el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo. Los Derechos Humanos son universales, indivisibles e interdependientes. La Declaración Universal de los Derechos de la Infancia establece, además, que todos los niños tienen derecho a desarrollarse de forma saludable y digna.

Los estudios de la OMS y otras organizaciones como Unicef aportan cifras alarmantes sobre la incidencia de abusos sexuales a menores: hay millones de niños en el mundo que no gozan de estos derechos. Hoy, casi tres millones de niños son sometidos a la prostitución forzada, y, según estudios, el 80% de ellos han sufrido abuso psicológico o físico dentro de sus familias.

Dados estos hechos, presentamos aquí a la sociedad este Manifiesto "Contra el Silencio sobre el abuso sexual infantil". Como personas decididas a hacer algo por cambiar esta dura realidad y garantizar la dignidad y la salud de los niños, exigimos:

  1. Que cada Estado impulse y respete políticas educativas dirigidas a fortalecer la promoción y la protección de los derechos humanos en los niños, promulgando leyes claras y justas que protejan a los menores de los abusos sexuales y que se garantice, en todos los casos, el interés superior del menor como prioridad, asumiendo su tutela si fuese necesario.
  1. Que las autoridades competentes ofrezcan a las Asociaciones que combaten el abuso sexual a menores (como Save the Children, Fundació Vicky Bernadet, ASAPMI, A.S.I. NO, Global Humanitaria, PROTECT, entre otras) los recursos necesarios para continuar con su labor.
  1. Que dichas Asociaciones busquen espacios de comunicación para coordinarse y ser más efectivas en su labor.
  1. Que los medios de comunicación traten abiertamente, con claridad y sin frivolidad ni sensacionalismo, el tema de los abusos sexuales a menores.
  1. Que los docentes y demás profesionales que trabajan con niños se informen y capaciten sobre las medidas de prevención y los mecanismos de detección de abusos.
  1. Que todas las personas que conozcan casos de abusos sexuales a menores los denuncien.

Quienes firmamos este Manifiesto, apelamos a la valentía para defender la integridad física y espiritual de la infancia desde el seno familiar, y su soberanía moral. Pedimos el rechazo absoluto y la denuncia enfática de cualquier pederasta.

Autoras del Manifiesto: Isabel Olid, Martina Vanda, Silvia Garza.

lunes, 10 de mayo de 2010

Cómo se dibuja un paisaje

Un paisaje que tenga de todo,
se dibuja de este modo:
Unas montañas,
un pino,
arriba el sol,
abajo un camino,
una vaca,
un campesino,
unas flores,
un molino,
la gallina y un conejo,
y cerca un lago como un espejo.
Ahora tú pon los colores;
la montaña de marrón,
el astro sol amarillo,
colorado el campesino,
el pino verde,
el lago azul
-porque es espejo del cielo como tú-,
la vaca de color vaca,
de color gris el conejo,
las flores...
como tú quieras las flores,
de tu caja de pinturas.
¡Usa todos los colores!

Cómo se dibuja un paisaje, Gloria Fuertes

¡Estela, grita muy fuerte!



¿A qué años se debe hablar de sexualidad con los niños? ¿Y de abusos?
"Trabajar la capacidad de decir 'no' es vital", dice una pedagoga

Una niña, Estela, plantó cara, dijo: "¡No!". Gritó y alertó a su madre sobre el familiar que con su juego secreto le provocaba asco y miedo. Abusaba de ella, la desnudaba engatusándola con juegos de magia. La menor y su historia son las protagonistas del cuento ¡Estela, grita muy fuerte! de Isabel Olid, pilar de una experiencia pedagógica de prevención de abusos sexuales y malos tratos a niños que se desarrolla en las escuelas de Palma de Mallorca, entre alumnos de seis años a 10 años.

"Trabajar la capacidad de los niños de decir 'no' y 'basta' son aspectos fundamentales para el desarrollo de una infancia saludable. Se les invita a que expresen sus sentimientos", dice la pedagoga Elena Quintana Murci, coordinadora del Área de Educación, Igualdad y Derechos Cívicos del Ayuntamiento de Palma de Mallorca que ha propagado el ejemplo del grito de autodefensa infantil.

¿Funcionará una estrategia lúdica para activar las alarmas en mentes blancas? ¿Con qué sutileza se puede motivar a los niños ante algo tan cruel y crudo como las agresiones sexuales sólo con una historieta? "Es una excusa", explica la autora del cuento Isabel Olid. "Se trata de suscitar un diálogo necesario entre niños y adultos. Intenté escribir un relato emotivo, imaginativo y sugerente. Debe ser un motivo para sacar el tema con los niños, ver qué ideas tienen al respeto, cuándo creen que está bien pedir ayuda, cuándo tienen derecho a negarse a obedecer a un adulto".

La niña víctima en el cuento triunfa al conseguir parar los abusos, al actuar. Desde su experiencia Isabel Olid, también profesora y madre, escribió esa fábula de Estela que, con dibujos de Martina Vanda, ventila sin escabrosidad una cuestión gravísima, en buena parte aún sumergida o que ha sido tabú: los abusos sexuales y agresiones a menores. La narración en las aulas del cuento infantil, su versión participativa a través de cuentacuentos, se apoya con talleres y guías pedagógicas para profesores y padres. Se persigue estimular las alertas, reflexionan desde la Red de Ayuda a Niños Abusados (Rana), la entidad privada que preside Elizabeth Homberg, que implicó en esta campaña a instituciones educativas oficiales. Hay más de 450 personas implicadas en el proyecto.

Gema Izquierdo, madre de tres niños, periodista y portavoz de Rana, no tiene dudas sobre la eficacia de la divulgación en las escuelas del caso de Estela. "Debería alentar a muchos niños y niñas que hoy viven sometidos bajo el martirio del miedo y el silencio. Es una obligación legal y moral garantizar el derecho a un desarrollo pleno y el respeto a la dignidad infantil", señala Izquierdo.

Texto íntegro de y en "El País"

Si quieres saber más sobre el libro, haz click aquí

miércoles, 5 de mayo de 2010

VIDEO ASIGNATURA NNTT UAM

Hoy no toca cuento, pero haremos una pequeña excepción para subir el vídeo de un cuento que la alegre chica ya os enseñó en su momento, "la guerra de las campanas", de Gianni Rodari.
Pero hoy, en lugar de traeros el cuento por escrito, la alegre chica y una amiga suya os presentan este mismo texto visto y oído... esperamos que lo disfrutéis...



lunes, 3 de mayo de 2010

El libro negro de los colores

"Tomás no puede ver los colores.
Estos son para él miles de sabores, olores, sonidos y emociones.
Desde la oscuridad de sus ojos, Tomás nos invita
a descubrir los colores sin verlos."



Según Tomás, el color amarillo sabe a mostaza, pero es suave como las plumas de los pollitos.
El rojo es ácido como la fresa y dulce como la sandía, pero duele cuando se asoma por el raspón de su rodilla.
El color café cruje bajo sus pies cuando las hojas están secas. A veces huele a chocolate y otras veces huele muy mal.
Dice Tomás que el azul es el color del cielo cuando el sol calienta su cabeza.
En cambio, el cielo se vuelve blanco si las nubes deciden taparlo y la lluvia se desata.
Pero si el sol se asoma a ver el agua cayendo, salen todos los colores a pintar un arcoiris.
Para Tomás, el agua sin sol no es gran cosa, no tiene color, ni sabor, ni olor.
Él dice que el color verde huele a césped recién cortado y sabe a helado de limón.
Y el negro es el rey de los colores. Es suave como la seda cuando tu mamá lo abraza y lo arropa con su cabellera.
Todos los colores le gustan a Tomás, porque los oye, los huele, los toca y los saborea.

El libro negro de los colores, Menena Cottin · Rosana Faría
Libros del Zorro Rojo
Libro recomendado :)

lunes, 26 de abril de 2010

Besos Besos

¿Y cómo es un beso?
- Un beso es muy dulce, como algodón acariciando tu mejilla.
- Pero a veces, pincha como un cactus...
- ¿Y duele?
- No, no duele nada. Al contrario, ¡es divertido!
- El de mi abuelo no pincha, es como algodón de azúcar. Pero cubre completamente mi cara. No veo nada cuando está en mi mejilla.
- El de mi abuelita hace ruido, ¡suena muy fuerte! Es como si estuviera comiéndose una piruleta, ¡hace mucho ruido!
- ¿Suenan? ¡!Qué gracioso! ¿Y los hay que se puedan ver?
- Por supuesto, los besos de Christophe son todos de chocolate. Siempre se le olvida limpiarse la boca.
- ¡Ah! ¡Está bien como beso!
- Hay besos que son todavía más dulces... Pero cada vez que me los dan me pongo rojo...
- A veces, también hay besos muy húmedos...
- ¿De quién son esos besos?
- ¡De Rex!
- ¡Todo el mundo te da un montón de besos!
- Sí, eso es porque me quieren. ¡Todos me dan muchos besos!
- ¿Ahora comprendes lo que és un beso? Hay muchos y son únicos, ¡es magnífico!
- Pues lo siento pero aún no veo del todo claro cómo es un beso exactamente.
- ¿Ah, no? Pues ten...
- Hmmmm... es dulce, es templadito, es fresco... ¡Es delicioso! ¿Me podrías dar muchos más?
- Claro, porque te quiero...

A B

Besos besos, Selma Mandine
Ediciones Jaguar
Os lo recomiendo :)

lunes, 19 de abril de 2010

El mago alérgico

Había una vez un mago simpático y alegre al que encantaba hacer felices a todos con su magia. Era también un mago un poco especial, porque tenía alergia a un montón de alimentos, y tenía que tener muchísimo cuidado con lo que se llevaba a la boca. Constantemente le invitaban a fiestas y celebraciones, y él aceptaba encantado, porque siempre tenía nuevos trucos y juegos que probar.

Al principio, todos eran considerados con las alergias del mago, y ponían especial cuidado en preparar cosas que pudieran comer todos. Pero según fue pasando el tiempo se fueron cansando de tener que preparar siempre comidas especiales, y empezaron a no tener en cuenta al buen mago a la hora de preparar las comidas y las tartas. Entonces, después de haber disfrutado de su magia, le dejaban apartado sin poder seguir la fiesta. A veces ni siquiera le avisaban de lo que tenía la comida, y en más de una ocasión se le puso la lengua negra, la cara roja como un diablo y el cuerpo lleno de picores.

Enfadado con tan poca consideración como mostraban, torció las puntas de su varita y lanzó un hechizo enfurruñado que castigó a cada uno con una alergia especial. Unos comenzaron a ser alérgicos a los pájaros o las ranas, otros a la fruta o los asados, otros al agua de lluvia.. y así, cada uno tenía que tener mil cuidados con todo lo que hacía. Y cuando varias personas se reunían a comer o celebrar alguna fiesta, siempre acababan visitando al médico para curar las alergias de alguno de ellos.

Era tan fastidioso acabar todas las fiestas de aquella manera, que poco a poco todos fueron poniendo cuidado en aprender qué era lo que producía alergia a cada uno, y preparaban todo cuidadosamente para que quienes se reunieran en cada ocasión pudieran pasar un buen rato a salvo. Las visitas al médico fueron bajando, y en menos de un año, la vida en aquel pueblo volvió a la total normalidad, llena de fiestas y celebraciones, simpre animadas por el divertido mago, que ahora sí podía seguirlas de principio a fin. Nadie hubiera dicho que en aquel pueblo todos y cada uno eran fuertemente alérgicos a algo.

Algún tiempo después, el mago enderezó las puntas de su varita y deshizo el hechizo, pero nadie llegó a darse cuenta. Habían aprendido a ser tan considerados que sus vidas eran perfectamente normales, y podían disfrutar de la compañia de todos con sólo adaptarse un poco y poner algo de cuidado.

lunes, 12 de abril de 2010

La maldición de los Mentrukis

Los mentirukis no siempre se llamaron así. No es que se pasaran la vida contando mentiras, sólo las utilizaban de vez en cuando para engañar a los viajeros y quedarse con sus joyas. Eso fue lo que los condenó, pues sin saberlo, tramaron un engaño contra un gran mago. Y éste, al descubrirlo, lanzó una gran maldición sobre todos los del pueblo: ni un sólo día podrían acostarse sin haber dicho una mentira.


No parecía una maldición tan terrible, teniendo en cuenta que sólo se trataba de una mentira al día, pero sus efectos resultaron desastrosos. ¡Todos mentían todos los días! Así que no había manera de fiarse de ellos, ni de saber si hablaban en serio, si irían adonde decían o pagarían lo que prometían. Los engaños y enfados entre ellos eran constantes, y el ambiente en el pueblo se volvió insoportable. Finalmente, se acostumbraron a todo aquello, y los mentirukis, como empezaron a llamarlos, se ganaron la peor fama del mundo, pues además de mentirosos, se les consideraba tramposos y ladrones. Y así siguió siendo durante siglos...

Panta fue el primer mentiruki que trató de liberarse de la maldición . Le parecía increíble que una sola mentira al día pudiera provocar aquel caos, y buscó por todas partes la forma de pararlo. Consultó los grandes libros de la magia, habló con guardianes de la luz y suplicó ayuda a las brujas negras, pero todo era inútil: sólo el mago que inició la maldición tenía poder para terminarla.

Panta no se rindió, pues deseaba con todas sus fuerzas poder tener amigos de los que fiarse, y conseguir que ellos también pudieran fiarse de él. Y entonces, se le ocurrió un experimento: ¿qué pasaría si sólo decía mentiras?

Cuando probó su idea, algunos pensaron que se había vuelto loco, pero no tardaron en comprender qué era lo que pretendía, y en unos pocos días, Panta se convirtió en el primer mentiruki en quien se podía confiar. Y aquello resultó ser un alivio para el resto de los mentirukis, pues llevaban toda la vida deseando tratar con alguien que no fuera a mentirles en cualquier momento. Todos confiaban a Panta sus negocios y temas importantes, y antes de darse cuenta, Panta el Sincero se había convertido en el más famoso y querido de los mentirukis. Viendo las ventajas que tenía la vida desde el lado honrado, y hartos de su mentira de cada día, los mentirukis comenzaron a seguir el ejemplo de Panta, y se pasaron al grupo de los que hablaban al revés, y todo lo que decían era mentira.

Así siguieron viviendo los mentirukis durante muchos años, hasta que aquella historia se transformó en leyenda y luego se olvidó. Y el único recuerdo que quedó de la maldición fue un extraño idioma que parecía hablarse al revés, y un cuidado muy especial por no decir ni una sola mentira, pues nadie mejor que los mentirukis sabe que hasta las más pequeñas mentiras tienen poder para estropearlo todo.

miércoles, 7 de abril de 2010

III Certamen Literario Rosetta

Se ha convocado el III Certamen Literario Rosetta, en el cual puede participar cualquier persona con discapacidad intelectual o trastornos del espectro autista en cualquiera de las tres categorías que se presentan: narrativa, poesía y otros formatos, categoría pensada para personas que no hayan adquirido la lectoescritura.

Este certamen, convocado por la Asociación Argadini junto a la Fundación Orange, la Fundación Seur, la Fundación ONCE, y con la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid y de Notodohoteles.com, tiene el objetivo de fomentar el desarrollo de la creatividad en las personas con discapacidad intelectual, por ello, si estás interesado en participar o conoces a alguien que pueda estarlo, puedes consultar las bases aquí.



lunes, 5 de abril de 2010

La fiesta de los deberes

"¡Carloooos, ponte de una vez a hacer los deberes!" Hala, ya estaba su madre dando gritos. Carlos pensaba, "cómo se nota que no los tiene que hacer ella, con lo aburridos que son", y se sentaba durante horas delante del libro, esperando que pasara el tiempo y llegara la hora de la cena. Un día cualquiera, estaba sumido en su habitual búsqueda de musarañas por el techo de su habitación, cuando unos pequeños elfos, de no más de un centímetro de altura, aparecieron por la ventana.
- Buenas tardes, chico grandullón ¿nos dejas tus deberes para jugar? -preguntó uno de ellos cortésmente.

Carlos se echó a reir.

- ¡cómo vais a jugar con unos deberes, pero si son lo más aburrido que hay!. Ja, ja, ja... Tomad, podéis jugar con ellos todo el rato que queráis.

El niño se quedó observando a sus invitados, y no salía de su asombro cuando vio la que montaron. En menos de un minuto habían hecho varios equipos y se dedicaban a jugar con el lápiz y la goma, el libro y el cuaderno. La verdad es que hacían cosas muy raras, como con los cálculos de matemáticas, donde para escribir los números dejaban fijo el lápiz y sólo movían el cuaderno, o como cuando hacían competiciones para la suma más rápida: cada grupo se disfrazaba de forma distinta, unos de Papá Noel, otros de calabaza de Halloween, otros de bolas de queso, y en cuanto terminaban paraban el reloj; el que ganaba tenía derecho a incluir su dibujito en el cuaderno, que acabó lleno de gorros de Papá Noel y calabazas. También eran muy graciosos estudiando la lección: utilizaban canciones famosas y les ponían la letra de lo que tenían que aprenderse, y luego ¡organizaban un gran concierto con todas las canciones!
Carlos disfrutó de lo lindo viendo a aquellos diminutos estudiantes, y hasta terminó cantando sus canciones. Pero el tiempo pasó tan rápido que enseguida su mamá le llamó para cenar.

- Vaya, ¡qué rollo!. Con lo divertido que es esto...- gruñó mientras se despedía.
- ¡Claro que es divertido!, ya te lo dije; ¿por qué no pruebas unos días a hacerlo tú? nosotros vendremos a verte de vez en cuando.
- ¡Hecho!

Así Carlos empezó a jugar con sus deberes cada tarde, cada vez con formas más locas y divertidas de hacer los deberes, siempre disfrazándose, cantando y mil cosas más; y de vez en cuando coincidía y jugaba con sus amigos los elfos, aunque realmente no sabía si habían salido de la ventana o de su propia imaginación...
Y ni su mamá, ni su papá, ni sus profesores, ni nadie en todo el colegio podían creerse el gran cambio. Desde aquel día, no sólo pasaba muchísimo más tiempo haciendo los deberes, sino que los traía perfectos y llenos de dibujos, estaba muy alegre y no paraba de cantar. Su mamá le decía lo orgullosa que estaba de que se esforzase tanto en hacer unos deberes que sabía que era tan aburridos, pero Carlos decía para sus adentros "cómo se nota que no los hace ella, con lo divertidos que son".

domingo, 28 de marzo de 2010

La guerra de las campanas

Érase una vez una guerra, una grande y terrible guerra, que hacía morir a los soldados de uno y otro bando. Nosotros estábamos en este bando y nuestros enemigos estaban en el otro, y nos disparábamos mutuamente día y noche, pero la guerra era tan larga que llegó un momento en que empezó a escasear el bronce para los cañones y en el que ya no nos quedaba hierro para las bayonetas, etc.

Nuestro comandante, el Extrageneral Bombón Tirón Pisarruidón, ordenó echar abajo todas las campanas de los campanarios y fundirlas todas juntas para hacer un grandísimo cañón: uno solo, pero lo suficientemente grande como para ganar la guerra de un solo disparo.

Para levantar aquel cañón fueron necesarias cien mil grúas; para transportarlo al frente se ncecesitaron noventa y siete trenes. El Extrageneral se frotaba las manos de contento y decía:

- Cuando dispare mi cañón, los enemigo huirán a la luna.

Llegó el gran momento. El cañonísimo fue apuntado contra los enemigos. Nosotros nos habíamos tapados los oídos con algodón, porque el estallido podía rompernos los tímpanos y la trompa de Eustaquio.

El Extrageneral Bombón Tirón Pisarruidón ordenó:

- ¡Fuego!

El artillero pulsó un mando. Y de improviso, desde un extremo hasta el otro del frente, se oyó un gigantesco repique de campanas: "¡Din! ¡Don! ¡Dan!"

Nosotros nos quitamos el algodón de los oídos para oír mejor. "¡Din! ¡Don! ¡Dan!", tronaba el grandísimo cañón. Y el eco, con cien mil voces, resonaba por montes y valles: "¡Din! ¡Don! ¡Dan!"

- ¡Fuego! -gritó el Extrageneral por segunda vez- ¡Fuego, córcholis!

El artillero pulsó el mando nuevamente y otro concierto de campana se difundió de trinchera en trinchera. Parecía como si tocaran a la vez todas las campanas de nuestra patria. El Extrageneral se arrancaba los cabellos de rabia y continuó arrancándoselos hasta que sólo le quedó uno.

Luego hubo un momento de silencio. Y entonces, desde el otro frente, como si fuera una señal, respondió un alegre y ensordecedor "¡Din! ¡Don! ¡Dan!"

Porque debéis saber que el comandate de los enemigos, el Muertiscal Von Bombonen Tironen Pisaruidonsson, también había tenido la idea de fabricar un cañonísimo con las campanas de su país.

"¡Din! ¡Dan!, tronaba ahora nuestro cañón. "¡Don", respondía el de los enemigos.

Y los soldados de los dos ejércitos saltaban de las trincheras y corrían los unos hacia los otros, bailando y gritando:

- ¡Las campanas, las campanas! ¡Es fiesta! ¡Ha estallado la paz!

El Extrageneral y el Muertiscal subieron a sus coches y se fueron corriendo, y aunque gastaron toda la gasolina, el son de las campanas todavía les perseguía.

Gianni Rodari

martes, 16 de marzo de 2010

¿Dónde está la magia?

Hace tiempo, en un pueblecito de la Costa Brava, vivía una niña pequeña que siempre estaba contenta, tenía una mirada fresca y brillante, una sonrisa deslumbrante, unos cabellos alborotados y muchas, muchísimas, ganas de jugar.

Sin embargo, Sara fue creciendo y era cada vez más hermosa. La gente del pueblo cuando la veían pasar le decía:

-¡Que alta que estás!

- ¡Cómo has crecido!

-¡Menudo estirón has pegado!

Era cierto, Sara estaba en edad de crecimiento y crecía sana y bien, pero su mirada ya no brillaba tanto como antes y su sonrisa no deslumbraba tanto como antes y no tenía tantas ganas de jugar como antes…

Hasta que un día sus padres, que ya hacía timpo que notaban alguna cosa extraña en su hija, le preguntaron:

-Sara, ¿te preocupa alguna cosa? Ya sabes que a nosotros siempre puedes explicarnos cualquier cosa y te ayudaremos.

Y Sara les contestó:

- Es que ya me estoy haciendo mayor y creo que no me gusta nada hacerme mayor. ¡He decidido que no quiero crecer!

Sus padres se quedaron boqueabiertos, pasmados, desconcertados y le preguntaron:

- Pero ¿por qué no quieres hacerte mayor?

A lo que Sara contestó:

- Porque a medida que voy creciendo siento que la magia se me va, ¡y no la quiero perder!

- ¿Qué magia, hija?

- La magia de reír, del viento, de del calor del sol, de todo lo que me rodea.

No sabían qué hacer, así que fueron a hablar con el médico, un pediatra de renombre, pero el tampoco pudo encontrar ninguna solución y les envió a un psicólogo. Fueron al psicólogo, un profesional bien considerado, pero éste tampoco supo encontrar una respuesta, así que les envió a un neurólogo…

Hasta fueron a ver a un mago famoso que salía en televisión, pero tampoco encontró ningún truco para que Sara se sintiera mejor y volviese a recuperar toda la magia. No existía ninguna medicina, ninguna fórmula, ni ninguna poción para curar esta extraña enfermedad.

Pero un día en la escuela, a la hora del patio, su maestra se acercó a Sara y le preguntó que porqué estaba triste y porqué no iba a jugar con sus amigas. A lo que Sara respondió:

- Es que he perdido la magia, ¿dónde está la magia?

Entonces, la maestra se sentó a su lado en el suelo y cogió una piedra que encontró, se la enseñó a la niña y le dijo:

- ¡Mira, Sara!¡He encontrado lo que hace días que estás buscando!

- Yo estoy buscando la magia, eso es una piedra…

- Eso es cierto, es una piedra, pero ¿cómo ha llegado hasta aquí esta piedra? ¿Qué viaje tan largo y lleno de aventuras debe de haber hecho antes de llegar a nuestro patio? ¿Y si alguien la pisa? ¿Y si algún niño la coge para jugar? ¿Y si…?

Sara estaba embobada con lo que le estaba explicando su maestra, su pensamiento fue construyendo todo el camino que había hecho esa piedra. Los labios de la niña fueron, poco a poco, mostrando una gran sonrisa, sus ojos comenzaron a brillar y con los dedos hacía volar su pelo. Había vuelto, la magia estaba a su alrededor y volvía a ser ella.
Ella entendió que, aunque creciese, siempre que lo deseara, con un poco de esfuerzo y ganas, podía tener la magia a su alrededor, en cada pequeña cosa, en cada momento y en cada palabra, todo era cuestión de usar la imaginación…

Marta
39 años
Sant Joan de Palamós

Traducción: Lea Ríos Brea

lunes, 1 de marzo de 2010

Había una vez

(o de la frágil frontera entre el cuento y la realidad)


Había una vez... "una vez"
que a fuerza de ser contada
se repitió tantas veces
que se volvió realidad...

Cuentos para pensar, Jorge Bucay